"Quizá todo está en saber qué palabras pronunciar, qué gestos cumplir, y en
qué orden y ritmo, o bien basta la mirada la respuesta el ademán de alguien, basta
que alguien haga algo por el solo gusto de hacerlo, y para que su gusto se convierta
en gusto de los demás: en ese momento todos los espacios cambian, las alturas, las
distancias, la ciudad se transfigura, se vuelve cristalina, transparente como una
libélula. Pero es preciso que todo ocurra como por casualidad, sin darle demasiada
importancia, sin la pretensi6n de estar realizando una operación decisiva, teniendo
bien presente que de un momento a otro la Marozia de antes volverá a soldar su
techo de piedra, telarañas y moho sobre las cabezas.
¿El oráculo se equivocaba? No está dicho. Yo lo interpreto de esta manera:
Marozia consiste en dos ciudades: la del ratón y la de la golondrina; ambas cambian
en el tiempo, pero no cambia su relación: la segunda es la que está por librarse de la
prisión de la primera".
Las ciudades invisibles. Italo Calvino.

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